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La entrada sin nombre


La verdad me siento un poco ridículo. Resulta que la pasada no fue la última entrada, pero por fortuna no lo fue, ya que el ejercicio de las entradas pudo continuar, aunque la verdad hoy no tengo nada para escribir.

Quizá sea porque tuve una semana y un fin de semana sin muchas novedades. Jugué fútbol, fui al gimnasio, comí helado, algunas tonterías sin trascendencia. Quizá lo único que pudo trascender, fue lo que pasó el día sábado, con una de las mujeres que hicieron parte de mi  anterior entrada o escrito.

 Este fin de semana era el cumpleaños de uno de mis compañeros más queridos de la universidad. Mi intención realmente era acompañarlo ya que la verdad lo aprecio bastante y quería hacer presencia en su cumpleaños. Sin embargo, ese evento, implicaba cruzar dos mujeres de mi escrito anterior. Juro que nunca en mi vida tuve la intención de incomodar a alguien, de hacer daño, de que se encontraran en el mismo sitio como en un maquiavélico plan que sí realizó uno de mis compañeros en el Lleras.

Cuando una de las mujeres de mi escrito supo que iba a asistir con la otra, prácticamente me prohibió hacerlo. Fue algo que me impactó en demasía, ya que con sinceridad, creí que mis acciones ya no implicaban ninguna reacción en ella, es decir, creí que ya le valía verga. Menos pensé que pudiese creer, y cito textualmente, que "se la iba a restregar en la cara". La verdad me llenó de tristeza esta situación ya que nunca quise incomodarla, ni herirla, no soy tampoco un monstruo que se alimenta o se nutre del sufrimiento ajeno, de la incomodidad de los demás. Simplemente pienso que, si con quien iba a ese cumpleaños no era bienvenida, no lo era yo tampoco. Al final, decidí muy a mi pesar, mejor no ir al cumpleaños de mi amigo, aunque realmente lo deseaba. Ella también es amiga de mi amigo y si por mi culpa se iba a ir, prefería yo no haber ido. Al fin y al cabo, llegó primero que yo. 

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